Frente a las adversidades y a la falta de amor en un mundo que se tienta en cosificar a todo, Dios nos vuelve a invitar con su amor misericordioso, a retomar y marcar el camino del amor, la verdad y el bien.

Para los que vivimos la fe, el Tiempo Pascual nos hace reflexionar. Cada gesto, grande o pequeño que Jesús vivió junto a sus apóstoles, nos trae a la mente de qué modo queremos vivir para nosotros y para los demás. Especialmente en nuestra tarea profesional.

Vemos rostros tristes, tratos deshumanizados, ansias de poder, falta de empatía y tantas otras cosas, dentro de un mundo apresurado. Todo ello nos conduce muchas veces a la desesperanza.

Sin embargo, aquel Jesús maltratado, humillado y librado a la suerte de nadie, sufre la desesperación, pero a su vez se sostiene, porque sabe que su entrega salva al mundo y su Padre no lo abandona.

La Pascua no termina con el sepulcro cerrado, con una piedra que lo tapa y no permite ver más allá. La Pascua comienza cuando no nos quedamos en el problema y a pesar de ello, trascendemos nuestra mirada frente a aquello que obstruye el objetivo verdadero. Es necesario no detenerse ni sentirse vencidos frente a tanta imposibilidad aparente.

Que estos días de reflexión y oración, sean la fortaleza en nuestra vida y en nuestra tarea como médicos, para saber distinguir y no quedarnos en aquello que nos obstaculiza la tarea noble de curar, cuidar, acompañar y aliviar.

Los Médicos Católicos asociados en nuestra querida entidad, les deseamos que vivan la alegría de la resurrección, fuente de toda nuestra fe y semilla de la esperanza.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Dr. Fabián Romano

Presidente del Consorcio de Médicos Católicos

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